Saltar al contenido

Un secreto «explosivo» se oculta bajo los volcanes aparentemente más tranquilos

28 julio, 2020

Muchos volcanes producen los mismos tipos de erupción durante largos millones de años. Es el caso, por ejemplo, de los volcanes de Islandia, Hawái o las islas Galápagos, cuyas erupciones consisten siempre en flujos de lava, hechos de roca basáltica fundida, que forman largos ríos ardientes en sus laderas. Algo que, por repetido, resulta previsible y apenas causa preocupación entre vecinos y autoridades.

Es cierto que esos flujos de lava son potencialmente dañinos para las edificaciones cercanas, pero generalmente se mueven tan despacio (a ritmo de paseo) que apenas representan un riesgo. Algo muy diferente de lo que sucede con las llamadas “erupciones explosivas”, mucho mayores, como las del Vesubio o el monte Santa Helena, capaces de sorprender a poblaciones enteras y causar súbitamente un gran número de víctimas. Lejos de eso, la actividad limitada de esos volcanes relativamente tranquilos proporciona a los lugareños una sensación de confianza que les lleva, incluso, a llevar turistas a ver los flujos de lava cuando se producen.

Una confianza, sin embargo, que podría resultar engañosa. Un equipo internacional de vulcanólogos que trabaja en las islas Galápagos, en efecto, acaba de descubrir que esa multitud de volcanes “previsibles” y que producen siempre las mismas pequeñas erupciones de lava basáltica ocultan en sus sistemas de tuberías subterráneas magmas de composición muy diversa, incluidos algunos con el potencial de generar actividad explosiva. El trabajo se acaba de publicar en Nature Communications.

El peligro acecha bajo el volcán
El equipo de investigadores, dirigido por Michael Stock, del Trinity College de Dublín, y compuesto por científicos de EE. UU., Reino Unido y Ecuador, estudió a fondo dos volcanes de Galapagos que durante toda su existencia sólo han erupcionado flujos de lava basáltica de composición uniforme. Pero al analizar las composiciones de cristales microscópicos en las lavas, los vulcanólogos pudieron reconstruir las características físicas y químicas de los magmas almacenados en el subsuelo, debajo de los volcanes.

Sorprendentemente, los resultados del estudio muestran que esos magmas almacenados bajo los dos volcanes no están compuestos solo por las lavas basálticas que ambos derraman sobre la superficie, sino que incluyen composiciones muy similares a las emitidas por el monte Santa Helena durante sus violentas erupciones explosivas.

Los investigadores creen que la uniformidad observada en las erupciones se produce cuando la cantidad de magma que fluye bajo el suelo es lo suficientemente grande como para “sobreimprimir” cualquier diversidad química. Algo que puede suceder cuando los volcanes se encuentran cerca de un “punto caliente”, es decir, de una columna de magma muy caliente que se eleva hacia la superficie desde lo más profundo de la Tierra.

Sin embargo, los investigadores creen que, en determinadas circunstancias, los magmas químicamente diversos descubiertos por el equipo podrían volverse móviles y ascender hacia la superficie. Si se diera el caso, esos volcanes que han estado arrojando solo lava basáltica milenio tras milenio podrían sufrir cambios inesperados y mostrar una actividad explosiva mucho más peligrosa.

En palabras de Stock, el hallazgo “fue totalmente inesperado. Comenzamos el estudio queriendo saber por qué estos volcanes eran tan aburridos y qué proceso hizo que las composiciones de lava en erupción permanecieran constantes durante largos periodos de tiempo. En cambio, descubrimos que no son aburridos en absoluto, simplemente esconden estos magmas secretos bajo tierra”.

“Aunque no hay señales de que estos volcanes de Galapagos experimentarán una transición en el estilo de sus erupciones en el corto plazo -prosigue el científico-, nuestros resultados muestran por qué otros volcanes podrían haber cambiado su comportamiento eruptivo en el pasado. El estudio también nos ayudará a comprender mejor los riesgos que representan los volcanes en otras partes del mundo. El hecho de que siempre hayan hecho erupción de una forma particular en el pasado no significa que se pueda confiar en ellos, ni que vayan a seguir haciendo lo mismo indefinidamente en el futuro”.