Embriones humanos en monos: la nueva vía para trasplantes

El Gobierno japones ha autorizado al investigador experto en células madre Hiromitsu Nakauchi a crear embriones de animales con células humanas, con el fin de implantarlos y encontrar nuevas vías de trasplantes de órganos.La investigación publicada en la revista «Nature» prevé implantar las células humanas en embriones de ratones para después trasplantarlos en animales sustitutos. Se busca así producir especímenes con órganos formados por células humanas que puedan ser trasplantadas a personas. Este tipo de experimentos ya se habían probado en países como Estados Unidos, pero no pudieron llevarse a cabo. Japón también tenía prohibidas estas investigaciones hasta el pasado marzo, cuando el cambio de legislación permitió la creación de embriones formados por células humanas y animales. De esta manera, el científico Nakauchi se convierte en el primero en obtener dicho permiso, pendiente de una aprobación final que se dará este mes de agosto. El investigador explica la intención de simplemente cultivar embriones en ratas y ratones hasta los quince días. Con los órganos formados en su mayoría, pedirá permiso al gobierno para hacer este proceso con embriones híbridos en cerdos hasta los setenta días.Expertos en bioética temen la posibilidad de que las células humanas puedan traspasar el desarrollo del órgano y trasladarse al cerebro del animal, alterando su cognición. Frente a estas dudas, Nakauchi asegura que esta posible situación ya se tuvo en cuenta durante el diseño del experimento. La técnica a probar consiste en la creación de un embrión animal carente de un gen necesario para el desarrollo de un órgano como, por ejemplo, el páncreas. Posteriormente se inyectan células madre pluripotentes inducidas por humanos (iPS) en el embrión animal para que más tarde pueda desarrollar ese órgano que no puede producir con sus propias células.Ya en 2017, Nakauchi junto a otros científicos llevaron a cabo una prueba preliminar en la que inyectaron células iPS de ratón en el embrión de una rata que no podía desarrollar un páncreas. La rata pudo formar uno producido por completo por esas células de ratón. Después traspasaron ese mismo páncreas a otro ratón con diabetes tipo 1. Más adelante quisieron también probarlo en embriones entre humano y oveja, aunque sin éxito. Este fracaso se debió al uso de especies evolutivamente diferentes como cerdos y ovejas, porque las célulads humanas son eliminadas de los embriones del huesped desde el inicio.Un logro de IzpisúaEn España el equipo del investigador Juan Carlos Izpisúa ha logrado la creación de quimeras de mono y de humano en un laboratorio de China, puesto que en España estos experimentos están muy restringidos. Esta vía de investigación tiene el objetivo de crear a animales de otras especies en una fábrica de órganos para transplantes.El equipo de Izpisúa ha modificado genéticamente los embriones de mono para inactivar genes esenciales para la formación de sus órganos. Posteriormente se han inyectado células humanas con la capacidad de generar cualquier tejido. la quimera no ha llegado a nacer ya que los investigadores han interrumpido la gestación. Frente a la preocupación de que lleguen al cerebro del animal, el equipo de Izpisúa ha habilitado un mecanismo de autodestrucción de dichas células en caso de alcanzar el cerebro. La comunidad científica ha situado una línea roja de catorce días de gestación para no sobrepasar las barreras éticas. De esta forma, se da un tiempo insuficiente para el desarrollo del sistema nervioso central humano. La Universidad Católica de Murcia ha sido la principal encargada de financiar el proyecto de Izpisúa, que tiene como principal fin el progreso del beneficio de las personas que tienen una enfermedad.

La luz se puede torcer

Científicos de la Universidad de Salamanca, en colaboración con equipos de otros países, han descubierto una nueva propiedad de la luz, desconocida hasta el momento, que se ha denominado «autotorque» (en inglés), que se traduciría como «autotorsión» y que han publicado esta semana en la revista científica «Science». Según esta investigación, esta nueva propiedad podría dar lugar a nuevas aplicaciones en el campo de las comunicaciones y la nanotecnología.Los resultados han sido recogidos bajo el título «Generation of extreme-ultraviolet beams with time-varying orbital angular momentum» y ha sido posible gracias a experimentos anteriores en los que se disparan dos rayos láser al mismo tiempo sobre una nube de gas Argón. Los rayos se vieron «obligados» entonces a superponerse y unirse formando un solo haz lo que determina que la luz ejerce presión, pequeña pero medible, sobre los objetos iluminados. Como ya se sabe, aunque la propagación de la luz parece que se hace en línea recta, realmente lo hace en forma de onda y esto se produce cuando gira sobre su propio eje debido a lo que se denomina «momento angular orbital» (OAM). Este aspecto se creía que era estático, pero han comprobado que los haces de luz se mueven a alta velocidad, acelerando y frenando la rotación de forma completamente autónoma.

«Humanos y chimpancés somos casi la misma criatura»

Si en una pantalla de ordenador se muestra una secuencia del 1 al 9 que desaparece al instante, ningún humano es capaz de retener dicha correlación y señalarla, pero un chimpancé joven sí. Es una capacidad, la de la memoria visual, que pudimos perder al dar paso al desarrollo del lenguaje y que nuestros primos más cercanos aún conservan. Es la denominada hipótesis del intercambio cognitivo.Tetsuro Matsuzawa, director del Instituto de Investigación de Primates de la Universidad de Kioto, ha estudiado la inteligencia de los chimpancés durante más de cuatro décadas para comprender a través de ellos cómo ha evolucionado nuestra mente. “Los chimpancés tienen su propia forma de comunicarse”, explica durante la presentación de sus estudios en la Fundación Biodiversidad, a la vez que imita sus llamadas de ‘hola’.En su laboratorio en Kioto tiene una ‘socia’, según él mismo dice. Se trata de Ai, una hembra de chimpancé que conoció con un año de edad y que protagoniza gran parte de sus investigaciones en la Universidad de Kioto. Su nombre significa amor: “es común en Japón”, apunta.En 2000 Ai tuvo una cría (Ayumu) que, a diferencia de lo que se hacía antes en el laboratorio, no ha sido separado de su madre para continuar con la investigación. “Pensamos que no era lo correcto. Ella está presente en los estudios y gracias a esta actuación directa podemos trabajar sin protección”.De hecho, el equipo es capaz de sentarse para hacer un encefalograma o una ecografía y observar así el volumen del cerebro de un feto y su evolución de manera colaborativa.Además de Ai y Ayumu, en el Primate Research Institute viven otros chimpancés que entran y salen libremente de sus jaulas y participan también cuando ellos quieren en los diferentes ensayos cognitivos que los investigadores preparan. “No los forzamos a hacer estos experimentos y cada uno recibe unas tareas adecuadas”.Les enseñaron, por ejemplo, el abecedario y letras en japonés que se traducen por algunos colores. “No existe ninguna relación entre el símbolo de la letra en japonés y el color, y aun así lo identifican. Para eso hace falta algo de imaginación”, asegura.Esta sería la principal distinción entre humanos y chimpancés. “La imaginación es una fuerza única del ser humano y es la base para entender la mente de los demás. Los chimpancés viven en el presente, nosotros también tenemos pasado y futuro. Ellos viven aquí y ahora, no tienen ansiedad. Nosotros tenemos esperanza”.En libertad, los chimpancés aprenden las destrezas de sus mayores a través del llamado ‘aprendizaje por el maestro’ que, a diferencia de los humanos, implica que no enseñan a su prole sino que esta aprende por observación. “Les muestran un modelo que la cría repite porque tiene una motivación muy fuerte. El adulto manifiesta una tolerancia muy alta para dejarles observar y aprender”.También muestran otras diferencias como cuando son crías. “Solo los bebés humanos lloran por la noche. Las crías de chimpancé no lo hacen porque la madre siempre está ahí”. Asimismo, los comportamientos de colaboración de madre a hijo existen, pero no al contrario. “He visto como una madre tiende una mano a su cría, pero no al revés”.¿Por qué un chimpancé puede enseñarnos a entender la mente humana?El estudio de los chimpancés es bastante reciente, de hace unos 50 años. Pero si no existieran investigaciones sobre estos animales, los humanos estaríamos convencidos todavía de que somos ejemplares muy especiales. Nosotros por un lado y los animales por otro, en una estricta dicotomía. Pero cuando se comienza a analizar a estos primates en libertad y en los laboratorios, te das cuenta de que son muy parecidos y cercanos a los humanos. O incluso nos superan, como ya demostró nuestra investigación más conocida: la memoria visual de los chimpancés.Sí, son mucho mejores memorizando visualmente números que desaparecen en una fracción de segundo…Es que esta captura de memoria fotográfica directamente no existe en los humanos. La gente piensa que somos la criatura más inteligente en el mundo, que no somos como los perros, las tortugas o las aves, pero yo digo que no. Los chimpancés son mejores capturando los números del 1 al 9. Esto es algo 100 % seguro. Muchos han intentado replicarlo y ningún humano puede competir con los chimpancés jóvenes.¿Nos podrían superar en otras facetas?Puede haber muchas más cosas en las que sobresalgan, pero no lo sabemos todavía. Si les enseñas, por ejemplo, una foto de alguien conocido –como la de Cristiano Ronaldo– pero dada la vuelta, para ellos no es difícil de reconocer. Aunque todavía son estudios algo controvertidos y estamos esperando a tener más datos.¿Cómo son sus relaciones familiares comparadas con las nuestras?No hay mucha gente que entienda claramente la familia y la sociedad en humanos. Para los primatólogos que estudian a todas las especies (447 en total, desde bonobos, monos japoneses, orangutanes, gorilas o babuinos), los humanos somos solo una de ellos. Si lo ves desde este punto de vista, nosotros tenemos un vínculo muy fuerte de pareja entre hombre y mujer. En otros primates también existe, pero no ocurre con los chimpancés. Pueden vivir en un grupo de cincuenta individuos o hasta cien, pero las hembras tienen relaciones con todos los machos. Su manera de vivir es diferente.Somos 98,77 % chimpancés según nuestra genética. Siendo nuestros ‘primos’ más cercanos, ¿por qué somos tan diferentes aparentemente?Una gran diferencia es que su cuerpo está cubierto de pelo negro. Sin embargo, si te fijas en los perros, un chiguagua o un san bernardo son diferentes razas pero su genética es la misma. Es una criatura única denominada Canis familiaris. En los humanos en una generación se puede cambiar el color del pelo o el de los ojos, la apariencia externa es fácil de manipular. El estudio de los chimpancés nos demuestra que no podemos dejarnos llevar por las apariencias físicas. Humanos y chimpancés somos casi la misma criatura.Lleva toda una vida dedicado al estudio de chimpancés. ¿Qué le gustaría afrontar en el futuro?Ahora he empezado a investigar a los bonobos, que tienen hembras dominantes, no como los chimpancés, sus comportamientos sexuales son muy diferentes y tampoco se matan entre ellos. También a los gorilas, a los monos japoneses y a los orangutanes. Pero mi idea es seguir a los chimpancés tanto tiempo como pueda.

Descubren un nuevo grupo humano de la Edad de Hielo

Dos dientes de leche infantiles encontrados en un remoto enclave arqueológico en el noreste de Siberia han servido para identificar a un grupo humano desconocido hasta ahora que habitó esa región en la Edad de Hielo, según revela un estudio que publica este miércoles la revista Nature recogido por la agencia Efe. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y la Universidad de Copenhague, sugiere que las antiguas poblaciones de Siberia sobrevivían hace 31.000 años, en unas condiciones extremas, gracias a la caza de mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes. Los autores del estudio han bautizado a ese grupo humano como los «Antiguos siberianos del norte» y describen su existencia como «una parte significativa de la historia de la humanidad». «Estas personas se diversificaron casi al mismo tiempo que los ancestros de los actuales asiáticos y europeos, y es probable que en algún momento ocuparan amplias regiones del hemisferio norte», señala Eske Willerslev en un comunicado de la Universidad de Cambridge. «Este hallazgo ha cambiado mucho de lo que pensábamos que sabíamos sobre la historia de la población del noreste de Siberia, pero también sobre lo que sabemos sobre la historia de las migraciones humanas en su conjunto», expresó por su parte Martin Sikora, del Lundbeck Foundation Centre for GeoGenetics, de la Universidad de Copenhague. Los científicos calculan que en el enclave que han estudiado podrían haber vivido unas 40 personas, mientras que la población del mismo grupo en la zona podía alcanzar las 500. Los dos pequeños dientes que se han recuperado han permitido extraer muestras de ADN para profundizar en el conocimiento del grupo. El análisis genético indica que esos humanos no estaba sufriendo endogamia, como si ocurría entre las poblaciones de neandertales, en declive en aquella época. El estudio publicado en «Nature» analiza asimismo otras 34 muestras de genomas humanos recuperados en excavaciones arqueológicas en diversos puntos del norte de Siberia y Rusia central. Sus conclusiones apuntan a que los antiguos grupos norsiberianos representan una de las piezas necesarias para comprender el puzzle genético de los actuales habitantes de Europa, Asia y América. Entre sus descubrimientos, los investigadores indican que han detectado unos restos humanos siberianos de hace 10.000 genéticamente emparentados con los nativos americanos. EFE

¿A qué velocidad funciona el cerebro?

La vida es ritmo, es velocidad. De hecho, el primer síntoma de que algo falla es cuando percibimos que el ritmo se desacompasa: cuando el corazón late más deprisa o más despacio de lo normal, cuando nuestros miembros no responden tan rápidamente como queremos a nuestras órdenes, cuando los pensamientos fluyen con mayor lentitud. Y buena parte del reloj interno del ritmo de nuestra vida reside en una de las herramientas más veloces que ha construido la naturaleza: el cerebro humano. Si pudiéramos filmar a cámara lenta un segundo de nuestras vidas, veríamos que el cerebro se las basta en ese tiempo para convertirse en un hervidero. En un segundo cada neurona se conecta con otra unas 200 veces. Eso quiere decir que el cerebro registra unos 20.000.000.000.000.000 de bits de información por segundo (20 trillones de impulsos llenos de información). Un caudal que ninguna máquina puede imitar, por poderosa que sea. De hecho, científicos del Instituto de Tecnología de Okinawa trataron de reproducir en un ordenador la actividad de un segundo de vida cerebral. Se requirieron 83.000 procesadores con la mayor potencia de cálculo posible y 40 minutos de trabajo para acercarse a la eficiencia de un solo segundo de nuestras neuronas. A pesar de la inaprensible velocidad a la que corren las informaciones por nuestra red neuronal, una experiencia puede tardar hasta seis horas en consolidarse como un recuerdo a largo plazo. La memoria es mucho más lenta que el pensamiento. Un componente fundamental de nuestra experiencia consciente, el sistema nervioso, es mucho más veloz aún. Los nervios están formados por haces de fibras nerviosas, que transmiten potenciales de acción hacia el sistema nervioso, o desde el sistema nervioso hacia los músculos. Sin embargo, no todas las fibras nerviosas son iguales. Algunas son de mayor diámetro, y éstas en general transmiten el potencial más rápidamente. El potencial de acción en las fibras más gruesas se transmite a la velocidad de 120 metros por segundo, la velocidad de un coche de fórmula 1. En las fibras más finas, en cambio, la velocidad de transmisión es de medio metro por segundo, la de un hombre caminando. En cuanto a la experiencia sensible, según un estudio realizado por la neuróloga Mary Potter, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), podemos procesar una imagen en apenas 13 milisegundos. La vista es el más rápido de nuestros sentidos, mientras que el más lento es el gusto: 500 milisegundos se tarda en identificar un sabor, ya que debe unirse información relacionada con el olfato y el tacto y unirla a los datos que ofrecen los termorreceptores (como en el caso de la comida picante).

La cara es el espejo de nuestros gestos

La cara es el espejo del alma o, al menos, reflejo de gran parte de la comunicación no verbal. El rostro del humano moderno es diferente al de nuestros antepasados y su evolución pudo estar, en parte, impulsada por la necesidad de adquirir habilidades sociales, según concluye un nuevo estudio. Los humanos modernos tienen una cara corta y retraída debajo de una caja cerebral globular que es «distintivamente diferente» de la de nuestros parientes vivos más cercanos y de homínidos ya extintos como los neandertales. La dieta, la fisiología respiratoria o el clima ayudaron a esculpir nuestro rostro, pero la comunicación social ha sido, de alguna manera, pasada por alto como factor subyacente en su actual forma, según los autores del estudio de centros como la Universidad de Nueva York, la Complutense de Madrid y la canadiense de York. El estudio publicado este lunes por Nature Ecology and Evolution ha rastreado los cambios en la evolución a lo largo de cuatro millones de años, desde la cara de los primeros homínidos africanos hasta la apariencia de la actual anatomía humana. La cara es un complejo esquelético formado por 14 huesos y los expertos han trazado su historia evolutiva en el contexto de su desarrollo, morfología y función, que «sugiere que su apariencia es resultado de una combinación de influencias biomecánicas, fisiológicas y sociales», indica el estudio. Los expertos sugieren que el rostro evolucionó no solo por factores como la dieta o el clima, sino «posiblemente» para dar más oportunidades a los gestos y a la comunicación no verbal, que eran «habilidades vitales» para establecer redes sociales amplias. El paleoantropólogo español Juan Luis Arsuaga, uno de los firmantes del estudio, explica a Efe que su propuesta es que la cara moderna, a diferencia de la de los neandertales y sus antepasados, «está al servicio de la comunicación no verbal». Así, el rostro es «un órgano del lenguaje» y los humanos modernos, dice, son «literalmente más ‘expresivos’ que cualquier otra especia humana que haya existido». Entre los fósiles empleados los hay procedentes de la Sima de los Huesos, el yacimiento de fósiles humanos más rico del planeta, ubicado en el sitio arqueológico de Atapuerca. La cara de los neandertales y la de los humanos modernos, aspectos en los que se centra la aportación de Arsuaga, «aparecieron antes de que lo hiciera un cerebro de tipo neandertal o sapiens, respectivamente, como se puede ver estudiando la parte del cráneo que la contiene». En lugar de la pronunciada cresta de la frente de otros homínidos, los humanos desarrollaron una frente lisa con cejas más visibles, con más vello y con mayor rango de movimiento. Esta circunstancia, unida a la esbeltez de nuestros rostros nos permite «expresar una amplia gama de emociones sutiles, incluyendo el reconocimiento y la simpatía», indica en un comunicado de la Universidad de York Paul O’Higgins, otro de los firmantes del artículo. Los actuales humanos podemos emplear nuestra cara para expresar más de 20 categorías de emociones a través de la contracción o relajación de los músculos. O’Higgins señala que aparte de los límites marcados, por ejemplo, por el tamaño de la cavidad nasal, es «posible» que la cara siga evolucionando en la medida en que nuestra especie sobreviva, emigre y encuentre nuevas condiciones ambientales, sociales y culturales. Arsuaga explica el uso del enfoque «modular» de la evolución del cráneo humano en su conjunto, que ellos descomponen «en diferentes unidades morfológicas y funcionales (o módulos) los cuales han ido cambiando de forma bastante independiente en la evolución. Este modelo evolutivo se llama «evolución en mosaico» y «seguramente la perspectiva de la evolución en mosaico, considera, es la más adecuada para estudiar la evolución humana». Para Arsuaga, «aunque no se puede probar, el Homo sapiens ha llevado al máximo la complejidad social y eso se refleja en su cara. EFE cr/jdm |Q:CYT:es-ES:13006001:Ciencia y tecnología:Investigación:Estudio| |K:CYT:CIENCIA-TECNOLOGIA,CIENCIA| 04/15/15-27/19

Las ondas cerebrales se sincronizan cuando hablamos idiomas

Un estudio desarrollado en Canadá por el científico cubano Alejandro Pérez ha demostrado que las ondas cerebrales de las personas que dialogan se sincronizan de forma distinta cuando conversan en su lengua materna o en un idioma extranjero. La investigación del profesor Pérez, del Departamento de Psicología de la Universidad de Toronto, ha descubierto que aunque las ondas cerebrales se sincronizan, cuando la conversación se mantiene en una lengua extranjera, las áreas del cerebro que se activan son distintas que cuando es la lengua materna. En declaraciones a Efe, Pérez señaló que tras estudiar primero la sincronía entre dos personas que tienen el mismo lenguaje materno, el nuevo estudio, publicado en la última edición de la revista médica «Cortex», trato de determinar «si esa sincronía se da de manera diferente cuando es un idioma nativo o extranjero». «No nos metimos en la cuestión si son dos idiomas que dominas perfectamente porque seguramente ahí la sincronización entre cerebros probablemente es igual. Y efectivamente, lo que encontramos es que te sincronizas de una forma diferente si utilizas una lengua nativa o una lengua extranjera», explicó. Para realizar el estudio, Pérez y su equipo del Centro para Francés y Lingüística del Departamento de Psicología de la Universidad de Toronto registraron la actividad cerebral de 60 individuos usando electroencefalografía mientras mantenían conversaciones. Para los 60 individuos, la lengua materna era el español. La mitad de las conversaciones fueron mantenidas en español y la otra mitad en inglés. Y aunque en ambos casos las ondas cerebrales de los participantes en el estudio se sincronizaron, cuando los individuos conversaron en inglés, las activaciones se produjeron en áreas diferentes del estudio, dijo el investigador cubano. Las razones de estas diferencias todavía tienen que explicarse pero Pérez señaló que un motivo puede ser que al hablar un idioma extranjero la capacidad mental para representar las palabras es más difícil de lograr, lo que obligaría al cerebro a activar partes distintas. «Todavía quedan muchas incógnitas, muchas cosas por resolver. Es una primera aproximación. La diferencia en este caso ocurre debido a que son diferentes las áreas que se están sincronizando», explicó. Pero lo que si está probado con el estudio es que «el lenguaje utilizado influyó en el alineamiento de las ondas cerebrales entre los que mantenían la conversación y esto sugiere que la comunicación efectiva podría estar basada en este acoplamiento neural entre cerebros», añadió Pérez. En términos prácticos, el investigador cubano, que anteriormente trabajó en Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), de San Sebastián (España), señaló que «cada vez que en el campo de la neurociencia uno describe un fenómeno de sincronización, la interpretación de manera general es de una interrelación, de una comunicación entre las partes». Pérez indicó que la ciencia ha descrito estas sincronías entre personas en la respiración, el latido cardiaco e incluso en los ciclos menstruales de las mujeres. El investigador explicó que la sincronización «claramente tiene avances evolutivos porque cualquier proceso de colaboración te da ventajas evolutivas en el sentido de adaptación al medio». Entre las aplicaciones prácticas que podrían derivarse de lo descubierto por el profesor Pérez y su equipo estaría la capacidad de «cuantificar la calidad de la conversación» que tienen dos personas o si realmente las dos partes se entendieron mutuamente. Pérez también señaló que el acoplamiento entre habla y ondas cerebrales de quien habla y quien escucha podría estar en la clave para que el habla robótica sea indistinta a al humana. EFE

Los bereberes fueron los primeros pobladores de Canarias

Diversos estudios arqueológicos, genéticos y lingüísticos lo habían avanzado, pero ahora un estudio con ADN antiguo de todas las islas lo confirma: los primeros pobladores de Canarias fueron los bereberes del norte de África, una población de la que todavía hoy el genoma de los canarios conserva rastro. Desde hace décadas, la población originaria del archipiélago canario ha sido estudiada por varias disciplinas pero, a día de hoy, todavía se desconoce cómo llegaron los primeros pobladores a las islas o cómo se produjo esa colonización. Para averiguarlo, un equipo de científicos liderado por la genetista de la Universidad de Stanford y de la Universidad de La Laguna, Rosa Fregel, ha analizado el genoma mitocondrial (heredado de la madre) de 48 individuos de 25 yacimientos arqueológicos de las siete islas principales que abarcan desde el año 300 hasta el 1.800, es decir, 1.500 de evolución histórica y genética canaria. El estudio, cuyos resultados se publican en Plos One, recoge varias conclusiones: la primera de ellas, que el poblamiento del archipiélago lo protagonizaron los bereberes del norte de África. Según los resultados del estudio, el genoma de esos primeros pobladores era de origen norteafricano, mediterráneo y africanos subsaharianos, «lo que demuestra que en el momento en que ocuparon Canarias, la población bereber ya era una mezcla de pueblos de gran diversidad», explica Fregel en declaraciones a Efe. Además, los investigadores encontraron distinta composición genética (linajes) en las islas, en función de la distancia con el continente africano, «lo que sugiere que los bereberes realizaron, al menos, dos oleadas migratorias hacia las islas», detalla. Esa ocupación heterogénea es la razón de ser de otro de los hallazgos del estudio, «la población aborigen de Canarias era tan variada como sus islas, que tuvieron diferentes historias evolutivas», destaca la investigadora canaria. El estudio también ha descubierto cuatro linajes autóctonos de Canarias -que se suman al U6b1, hallado en la década de 1990-, cuya proporción varía según la isla. «Gracias al estudio sabemos muchos detalles interesantes como, por ejemplo, que Tenerife o Gran Canaria probablemente tenían poblaciones grandes capaces de tener diversidad genética, mientras que otras como El Hierro o La Gomera, o bien tuvieron problemas para adaptarse y perdieron muchos linajes, o bien, tenían poblaciones pequeñas», explica la bióloga. Aunque se ha determinado que el genoma de los canarios conserva en torno a un 17 por ciento de ascendencia aborigen, la proporción de ADN aborigen sube al 50% cuando se calcula por vía materna pero desciende hasta el 8% si se analizan los linajes paternos (cromosoma y), una asimetría sexual que está causada por la colonización europea, ya que «en la guerra contra los europeos sobre todo perdieron la vida los varones», puntualiza Fregel. EFE