Difunden imágenes de un material extraño hallado en la cara oculta de la Luna

El programa de exploración lunar de China ha publicado imágenes que permiten vislumbrar un misterioso material descubierto al otro lado de la luna. El rover lunar de la misión Chang’e-4 de China, Yutu-2, se vio sorprendido el pasado mes después de que su equipo descubriera algo inusual mientras se acercaba a un pequeño cráter. Según una publicación en el ‘diario’ de Yutu-2 hecha el pasado 17 de agosto, un especialista del proyecto examinó las imágenes tomadas y describió la sustancia de color inusual similar a “un gel”, lo que despertó gran interés y especulación entre los científicos lunares.

Descubren agua en un planeta similar a la Tierra

Se llama K2-18b y a partir de ahora es el mejor candidato planetario para albergar vida, después de la Tierra. Nos separan de él 111 años luz. Nos hermana a él que ambos planetas estamos a una distancia correcta de nuestro Sol, que ambos poseemos atmósfera, que en ambos puede haber agua en forma de vapor y que en ambos llueve. K2-18b es, por ello, un planeta habitable, uno de los más interesantes jamás estudiados. ► ¿Qué es un exoplaneta?Un equipo de científicos liderados por Angelos Tsiaras, del Centro para el Estudio de Datos Exoquímicos del University College de Londres, desveló ayer el resultado de sus estudios sobre este planeta, ocho veces más masivo que la Tierra y que, por ahora, es el único cuerpo que orbita fuera del Sistema Solar con capacidad para mantener agua y disfrutar de temperaturas compatibles con la vida. Que se sepa. El hallazgo, publicado por la revista «Nature Astronomy» se ha convertido en el primer caso de detección atmosférica en un planeta no solar que orbita en una zona habitable.La ciencia sabe que los planetas no son un tesoro exclusivo de nuestro Sol. Alrededor de cientos de millones de otros soles pueden orbitar mundos de todo tipo. Cuántos de ellos se encuentran a la distancia correcta de su astro para que la energía que les llega pueda mantener agua líquida es un misterio. En cuántos de esos planetas que flotan en la zona de habitabilidad hay, realmente, agua líquida, un arcano aún. Qué porcentaje de esos últimos tienen, de verdad, condiciones para la vida, una pregunta sin responder. Pero K2-18b nos acerca un poco más a la respuesta.

Descubren un agujero negro supermasivo que hace tres comidas al día

Un agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia llamada GSN 069 está consumiendo grandes cantidades de material en un horario regular, según denotan rafagas de rayos X cada nueve horas.Aunque los científicos habían encontrado previamente dos agujeros negros de “masa estelar” (que pesan aproximadamente 10 veces la masa del Sol) ocasionalmente experimentando explosiones regulares antes, este comportamiento nunca se ha detectado en un agujero negro supermasivo hasta ahora.El agujero negro en el centro de GSN 069, ubicado a 250 millones de años luz de la Tierra, contiene aproximadamente 400.000 veces la masa del Sol. Los investigadores, que usaron los telescopios espaciales Chandra (NASA) y XMM-Newton (ESA) estiman que el agujero negro consume aproximadamente cuatro lunas como la de la Tierra de material aproximadamente tres veces al día.”Este agujero negro sigue un plan alimenticio como nunca antes habíamos visto”, dijo Giovanni Miniutti del Centro de Astrobiología de la ESA en España, primer autor de un artículo de Nature, que describe estos resultados. “Este comportamiento es tan inédito que tuvimos que acuñar una nueva expresión para describirlo:”Erupciones cuasi periódicas de rayos X””.El XMM-Newton de la ESA fue el primero en observar este fenómeno en GSN 069 con la detección de dos ráfagas el 24 de diciembre de 2018. Miniutti y sus colegas luego siguieron con más observaciones de XMM-Newton el 16 y 17 de enero de 2019, y encontraron cinco arrebatos . Las observaciones de Chandra menos de un mes después, el 14 de febrero, revelaron tres arrebatos adicionales.”Al combinar datos de estos dos observatorios de rayos X, hemos seguido estos arrebatos periódicos durante al menos 54 días”, dijo el coautor Richard Saxton, del Centro Europeo de Astronomía Espacial en Madrid, España. “Esto nos da una oportunidad única para presenciar el flujo de materia en un agujero negro supermasivo que se acelera y se ralentiza repetidamente”.Durante los estallidos, la emisión de rayos X se vuelve aproximadamente 20 veces más brillante que durante los momentos de silencio. La temperatura del gas que cae hacia el agujero negro también sube, de aproximadamente medio millón de grados Celsius durante los períodos tranquilos a aproximadamente 1,3 millones durante los arrebatos. La temperatura de este último es similar a la del gas que se encuentra alrededor de los agujeros negros supermasivos que crecen más activamente.El origen de este gas caliente ha sido un viejo misterio porque parece estar demasiado caliente para asociarse con el disco de materia que cae alrededor de los agujeros negros. Aunque su origen también es un misterio en GSN 069, la capacidad de estudiar un agujero negro supermasivo donde el gas caliente se forma repetidamente y luego desaparece puede proporcionar pistas importantes.”Creemos que el origen de la emisión de rayos X es una estrella que el agujero negro se ha roto parcial o completamente y está consumiendo lentamente poco a poco”, dijo la coautora Margherita Giustini, también del Centro de Astrobiología de la ESA. “Pero en cuanto a las ráfagas repetidas, esta es una historia completamente diferente cuyo origen necesita ser estudiado con más datos y nuevos modelos teóricos”.Efe

Descubren tres nuevos planetas que orbitan en una estrella ‘vecina’

El “cazador” de planetas de la Nasa “Tess” ha encontrado tres “exoplanetas” (fuera del Sistema Solar) que podrían ser el “eslabón perdido” para comprender la formación planetaria, ya que reúnen unas características completamente diferentes a las de ningún otro conocido hasta ahora, informa Efe.El satélite “Tess” fue lanzado el pasado año desde Cabo Cañaveral con la misión de analizar cerca de 20.000 exoplanetas y escudriñar las posibilidades de que en alguno de ellos se den las condiciones necesarias para albergar vida.Investigadores de instituciones científicas y académicas de varios países han analizado los datos facilitados por el “Tess” y han publicado este lunes los resultados de su investigación en la revista Nature Astronomy.Por parte española han participado científicos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (del CSIC), del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), de la Universidad de La Laguna y de la Universidad de Granada.De los tres nuevos “exoplanetas” descubiertos ahora (bautizados como TOI-270), uno es rocoso y ligeramente más grande que la Tierra y los otros dos son gaseosos y miden aproximadamente el doble que nuestro planeta, según informa la Universidad de California, que ha liderado esta investigación.El nuevo “sistema” -tres planetas y su estrella anfitriona- ha recibido ese nombre por ser el “objeto de interés” número 270 que descubre el satélite de la NASA (Tess Object of Interest).El más pequeño de estos cuerpos descubierto ahora estaría además en una zona “habitable” -a una distancia de su estrella más próxima lo suficientemente lejana como para permitir la existencia de océanos de agua líquida-, según los datos facilitados por esta Universidad.”Hemos encontrado muy pocos planetas como éste en zonas habitables, y muchos menos alrededor de una estrella con esas características”, ha subrayado el científico Stephen Kane, profesor de Astrofísica Planetaria de la Universidad de California, y ha corroborado que en el Sistema Solar no existe ningún planeta como ese.En el Sistema Solar hay planetas pequeños y rocosos, como la Tierra, Mercurio, Venus o Marte, y otros mucho más grandes, como Saturno, Júpiter, Urano o Neptuno, pero no “intermedios” como los que se han hallado ahora.Los investigadores consideran que el nuevo descubrimiento va a permitir estudiar el “eslabón perdido” entre los planetas pequeños y rocosos como la Tierra y los más grandes y dominados por el gas, como Neptuno, y determinar, por ejemplo, si uno de estos planetas ha tenido alguna vez un océano de agua líquido y si reúne las condiciones adecuadas para la vida.Los datos aportados por el “Tess” apuntan que es poco probable que en el más pequeño de los “exoplanetas” descubiertos hubiera vida, ya que la superficie está demasiado caliente, pero los otros dos, situados a una mayor distancia de la estrella, sí podrían estar más fríos y permitir por lo tanto que el agua se acumulara en la superficie.En la investigación han intervenido también científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que han coincidido en que uno de los “exoplanetas” descubierto ahora se encuentra en una zona “templada”, lo que le situaría en un rango de temperaturas que podrían soportar alguna forma de vida.El tamaño intermedio de los nuevos planetas es, según ha subrayado este Instituto en un comunicado, “ideal” para conocer si los planetas pequeños y rocosos como la Tierra y los más grandes como Neptuno siguen un mismo camino o si evolucionan de una forma completamente diferente.El científico Francisco Pozuelos, actualmente en la Universidad de Lieja (Bélgica) e investigador colaborador de la Universidad de Granada, ha subrayado que éste puede ser un excelente laboratorio para comprender mejor cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios, ya que el tamaño de los planetas es muy diferente al de los ya conocidos.Su estrella “anfitriona” es además especialmente brillante, y aunque suelen ser muy activas y con frecuentes llamaradas y tormentas solares, ésta parece ser muy antigua y se ha “calmado”, por lo que emite un brillo constante que permite a los científicos una mejor observación y estudio.

Así morirá nuestro Sol

Astrónomos han sido testigos, por primera vez, de un raro evento dinámico que presagia la muerte de una estrella gigante roja, hallazgo que refuerza las predicciones sobre el desenlace final de nuestro Sol, informa Ep. Meridith Joyce, astrónoma la Universidad Nacional de Australia (ANU), co-dirigió el estudio centrado en la estrella T Ursae Minoris (T UMi), que fue similar al Sol.”Esta ha sido una de las raras oportunidades en que los signos de envejecimiento se pueden observar directamente en una estrella en escalas de tiempo humanas”, dijo Joyce.”Anticipamos que nuestro Sol y T UMi terminarán sus vidas de manera mucho más silenciosa y lenta en comparación con una supernova, una explosión luminosa y poderosa”. Los hallazgos respaldan la predicción de que nuestro Sol se convertirá en una gigante roja y luego en una cáscara de gas en forma de anillo que se expandirá y brillará en cinco mil millones de años, dejando una pequeña enana blanca como remanente, dijo el Dr. Joyce. “Se volverá mucho más grande a medida que se acerque a la muerte (se comerá a Venus, Mercurio y posiblemente la Tierra en el proceso) antes de encogerse para convertirse en una enana blanca”, dijo en un comunicado. T UMi nació hace unos 1.200 millones de años, con una masa aproximadamente el doble que la de nuestro Sol, en la constelación de Osa Menor, a más de 3.000 años luz de la Tierra.El equipo descubrió que durante los últimos millones de años, durante su última etapa de la vida antes de su última transición a una enana blanca, T UMi ha estado experimentando una serie de pulsos, en los que su tamaño, brillo y temperatura han fluctuado enormemente. “La producción de energía en T UMi se ha vuelto inestable. Durante esta fase, la fusión nuclear estalla en lo más profundo de su interior, causando ‘hipo’ que llamamos pulsos térmicos.”Estos pulsos causan cambios drásticos y rápidos en el tamaño y el brillo de la estrella, que se pueden detectar durante siglos. Los pulsos de estrellas antiguas como T UMi también enriquecen todo el Universo con elementos que incluyen carbono, nitrógeno, estaño y plomo”. El equipo ha observado que la estrella ha disminuido en tamaño, brillo y temperatura en los últimos 30 años. “Creemos que la estrella está ingresando en uno de sus últimos pulsos restantes, y esperamos verla expandirse nuevamente en nuestras vidas. La estrella eventualmente se convertirá en una enana blanca en unos pocos cientos de miles de años”, dijo Joyce. “Tanto los astrónomos aficionados como los profesionales continuarán observando la evolución de la estrella en las próximas décadas, lo que proporcionará una prueba directa de nuestras predicciones dentro de los próximos 30 a 50 años”. El estudio se publica en The Astrophysical Journal.

Sí, Einstein tenía razón

Einstein tenía razón. Dicho así, parece una perogrullada. Einstein, el mayor científico que han dado los siglos, uno de los hombres más inteligentes que han pisado la Tierra, ¿cómo no va a tener razón? La tendría siempre.Pero las cosas no son tan sencillas. Su teoría de la Relatividad es un prodigio de la física cosmológica, un monumento a al teorización matemática, pero un suplicio para quienes han querido demostrarla. Para constatar que sus ideas eran ciertas (que lo eran) el mejor método sería encerrar en un laboratorio el cosmos entero y probar sobre él: cambiar medidas, fuerzas, componentes… Todo hace indicar que se hiciéramos ese ejercicio, que es el mismo que se realiza para comprobar cualquier fenómeno físico, resultaría que Einstein tiene razón. Pero es evidente que tamaño ejercicio experimental es imposible. Por eso, desde que hace más de 100 años Albert lanzara al mundo sus ideas, la ciencia se empeña en demostrarlas por medios más factibles. Y lo hace. La última vez, hoy mismo cuando un equipo de científicos, entre ellos expertos españoles, hizo público los resultados de su seguimiento durante 26 años de la estrella S2, a 26.000 años luz de la Tierra. Y sí, Einstein tenía razón.La teoría de la relatividad general sostiene que la gravedad no es otra cosa que el efecto de la curvatura en el espacio y el tiempo. Cuando un objeto atrae a otro en el cosmos, no es porque una suerte de hilo de partículas invisibles tire de ellos. El efecto, más bien, se parece al de una colchoneta en la que sentamos a tres niños. Dos delgaditos en los extremos y uno más pesado en el centro. Los primeros caerán hacia el lado del más voluminoso por la curvatura que éste realizará en la colchoneta.Esta teoría ha sido la mejor descripción jamás realizada de cómo funciona la gravedad. Pero para que una teoría sea cierta debe funcionar en cualquier lugar en el que se pruebe: tanto en la colchoneta de los niños como en el interior del centro de una galaxia. En estudio publicado hoy en Science eligió la parte más difícil: el centro de una galaxia. De hecho, este trabajo es uno de los dos únicos realizados sobre la estrella S2 que circula centra de Sagitario A, el agujero negro que hay en el centro de la Vía Láctea.A 26.000 años luz de nuestro planeta, Sagitario A es un agujero supermasivo con una masa equivalente a cuatro millones de soles como el que nos ilumina cada mañana. Estos agujeros tienen una atracción gravitatoria tal que absorben todo lo que se acerca a ellos, incluso la luz. Es muy difícil, por no decir imposible, medir cómo funcionan las teorías sobre la gravedad de Einstein en un agujero negro. Pero se pueden comprobar de manera indirecta observando el efecto que provoca en las estrellas que lo rodean. Es como determinar la velocidad a la que iba un coche estrellado por el tamaño de las huellas que dejó al frenar.La estrella S2 dibuja una elipse muy pronunciada en torno a Sagitario A. En su punto de máximo acercamiento se sitúa solo a 3 veces la distancia que hay entre el Sol y Plutón. A esa distancia, según la teoría de Einstein, los fotones que emite la estrella deberían sufrir una pérdida de energía, como si el agujero estuviera absorbiendo la luz del astro.

Los niños españoles sobre el alunizaje del Apolo 11: «Tenía miedo, creía que habría marcianos en la Luna y que atacarían»

Hay quien dice que la primera vez está sobrevalorada. Es verdad, puede que no sea la mejor –el primer beso de hecho suele ser desastroso–, pero despierta sensaciones que nunca más vuelven. El hombre regresará a la Luna, la NASA augura en 2024, 50 años después de que un astronauta pisara por primera vez el satélite. Pero, desengañémonos, ya estamos de vuelta de todo, pocas cosas consiguen llamar nuestra atención y no habrá familias enteras expectantes, sentadas frente al televisor siguiendo la retransmisión del evento. En julio de 1969 más de 20 millones de españoles vieron en directo el alunizaje del Apolo 11. Se lo contó en TVE Jesús Hermida, en blanco y negro, desde el Centro Espacial de Houston. «Todavía se me ponen los pelos de punta». Eduardo Adarve ha venido hasta la sede de LA RAZÓN para ver de nuevo aquellas imágenes, medio siglo después de que se grabaran. Y, sin embargo, parece que han pasado apenas unos días porque es capaz de rememorar, con una precisión que asusta a los que no son (somos) capaces de acordarse de lo que comieron ayer, cómo lo vivió: «Muy nervioso», sobre todo.Aquel verano en el que Eduardo tenía 11 años y medio sus padres le enviaron a Estepona a casa de su tío Juan, con su abuela y una prima de su misma edad. Juan trabajaba de pastelero en un hotel y, aunque tenía que madrugar mucho, siempre respondía a las preguntas curiosas de su sobrino. «Ya desde niño me interesaba la ciencia, la astronomía y sobre todo, los ovnis… él me seguía la bola aunque se muriese de sueño», cuenta. Los días previos a aquel 21 de julio «en España no se hablaba de otra cosa en los bares, en las tiendas… y también los niños nos montábamos nuestras películas de si habría marcianos en la Luna, si se pelearían con los astronautas». Lo cierto es que nuestro país tuvo un importante papel en aquella misión gracias a las estaciones espaciales que la NASA estableció en Maspalomas (Canarias), Robledo de Chavela y Fresnedillas (Madrid). Esta última fue de suma importancia, pues fue la que recogió, tras un largo silencio, la primera señal del Apolo 11 tras salir de la cara oculta de la Luna. El Día D era, sin embargo, como otro cualquiera para la abuela de Eduardo, así que le mandó a la cama junto con su prima a la hora a la que deben dormirse los niños. Pero él no podía perderse aquello. ¿Y si un extraterrestre aparecía y él no se enteraba? Así que le pidió a su tío «que por favor me despertara». Eran unos afortunados porque en los 60 no había televisores en todas las casas, se estima que apenas unos tres millones, con la suerte de que uno estaba en la suya. Juan se apiadó de su sobrino y le avisó cuando Neil Armstrong estaba a punto de descender de la nave. «Me acuerdo de que mi tío estaba sentado en un sofá frente al televisor y yo, en vez de tomar asiento, me agazapé detrás de él y me agarré a su brazo». «Tenía miedo», reconoce. Asegura que tiene grabada toda la secuencia, pero si tiene que escoger un solo momento se queda con el que protagonizó Armstrong cuando pisó por primera vez el terreno lunar y pronunció aquella frase que ha quedado para la posteridad: «Un pequeño paso para el hombre…». «Cuando ya posó el pie sobre la superficie respiré aliviado». Eduardo estaba convencido de que «los astronautas se hundirían, lo había imaginado como una especie de arenas movedizas». Y también que habría seres escondidos a la caza de los humanos. Esa capacidad para fantasear era culpa de los libros de Erich von Däniken que cayeron en sus manos, un escritor suizo famoso por sus obras de ufología y sus teorías sobre la visita de extraterrestres a la Tierra en un pasado remoto. «Sí, pensaba que cuando llegara el primer hombre a la Luna atacarían y se montaría la del Séptimo de caballería», evoca entre risas. Pese a que muchas personas aún hoy dudan sobre la veracidad de estos hechos, Eduardo asegura que «en aquel momento, digan lo que digan, la mayoría de la gente se lo creyó por el simple hecho de que salía en televisión, y en los años 60 lo que salía en la tele era verdad y punto. El escepticismo venía más bien por parte de la gente mayor, como mi abuelo Antonino, porque no lo llegaban a comprender. Las teorías conspiranoicas surgieron después». Una de las más extendidas es que, en plena carrera espacial entre la URSS y EE. UU., los americanos optaron por hacer trampas y rodaron en un plató la llegada del Apolo 11 al satélite. Una versión que cobró más fuerza si cabe en 2001 cuando se estrenó un falso documental llamado «Operación Luna», en el que se ahondaba en la posibilidad de que aquello fuera una película de Stanley Kubrick, el director de «La naranja mecánica».«No son más que tonterías», responde indignado Eduardo. «Los americanos trajeron 382 kilos de roca lunar y éstas no se pueden falsificar dada su antigüedad, ni tampoco las señales de televisión que llegaron desde allí, los rusos lo hubieran interceptado». Todo esto lo ha aprendido tras años y años de afición desmedida a la ciencia. Lo suyo era ser biólogo, «pertenezco a la generación que creció con Félix Rodríguez de la Fuente y Carl Sagan», pero los derroteros de la vida le llevaron a estudiar Farmacia. No se lo reprocha, ni lo dice con pesadumbre, porque nunca ha dejado de interesarse por la ciencia ni de participar activamente para promoverla. Fue miembro de la Agrupación Astronómica de Madrid, hasta que se mudó a Bohadilla. Ahora pertenece a la Agrupación Astronómica Madrid Sur y ha fundado su propio club de ciencia. Además, es guía voluntario en el Centro de Entrenamiento de Visitantes (CEV) que tiene el Deep Madrid Communication Complex en Robledo de Chavela. «En el CEV hay un museo con una sala dedicada a las misiones Apolo, con maquetas de las naves y otras piezas reales, pero lo que verdaderamente le gusta a la gente es escuchar anécdotas». No hace falta preguntar cuál es la más aplaudida porque ya se anticipa él: «La de la periodista Oriana Fallaci con el comandante del Apolo 12». «Nunca le pagó los 500 euros que perdió en la apuesta», apostilla. A él le gusta contar a los demás todo lo que ha aprendido sobre el espacio, pero con los pies en la Tierra. Aunque cada vez es más factible el turismo espacial, él no se pondría el traje de astronauta «ni aunque pudiera pagarlo». «Ni aunque se encontrase vida o restos de vida microbiana en Marte». Eduardo no lo descarta: «El Universo tiene que estar lleno de vida, si no ¡que desperdicio!».

La Luna en tres generaciones: pasado, presente y futuro de la exploración espacial

Carlos tenía 22, Jesús 8 y Álvaro nacería 24 años después de que Armstrong dejará a todo el globo sin habla. Había cumplido con el sueño de toda una generación, el de poner un pie en la Luna. Nuestros tres protagonistas, a pesar de su diferencia de edad, tiene una pasión común: la exploración espacial. «Soy un friki», afirma Jesús Martínez-Frías, geólogo planetario y responsable de recrear los túneles de la Luna en Lanzarote donde forma a los astronautas. Su afirmación rotunda la comparten tanto Carlos González como Álvaro Soria. El primero ha dedicado toda su vida a las misiones de la NASA, mientras que el más joven ya tiene la mirada puesta en Marte.Carlos no lo sabía, pero el destino había decidido que él debía estar presente en la base que la Agencia norteamericana acababa de construir en Fresnedillas, al norte de Madrid, para escuchar cómo Armstrong decía: «Houston, aquí base Tranquilidad, el águila ha alunizado». Le habían contratado solo un año antes, tras superar el servicio militar, «era un requisito indispensable», recuerda. Durante las nueve horas que estuvo en la sala de comunicaciones «tenía que atender tanto al receptor como al transmisor. Todo pasaba por ahí y se hacía a mano». Hasta que la base de Estados Unidos no se hizo cargo de la conexión con la misión Apolo XI, no respiró. «Estábamos todos azules y al cortar sufrimos una importante descarga emocional». Tardaron horas en darse cuenta del hito en el que habían participado y, tras conseguirlo, lo tenían claro: «Seguro que en 1990 pisaremos Marte». «Y anda que no nos queda…», bromea 50 años después.Jesús, desde que era pequeño, leía mucho, «muchísimo…». De Spiderman a Julio Verne. Estaba claro que su futuro no se iba a quedar únicamente en nuestro planeta y menos aún cuando se enganchó a «Cosmos». Con 21 años ya había terminado la carrera y estudiaba la geología de otros cuerpos celestes. Coincidió con la llegada a España de la Sociedad Planetaria, impulsada por Carl Sagan, pero la realidad es que en nuestro país a casi nadie le interesaba esta área de investigación. «Me formé solo». Los meteoritos se convirtieron en sus mejores amigos y, así fue como impulsó la creación del Centro de Astrobiología (CAB), donde hoy trabajan los investigadores con más futuro en el área de nuestro país. No sorprende que, hasta el momento, haya recibido dos premios de la NASA y cinco de la ESA. No hay duda de que es uno de los que conoce más a fondo la Luna y cree que debemos volver. «Aunque hemos ido en seis ocasiones, es nuestra plataforma al futuro». En ella debemos crear «una base semipermanente». Nos encontramos ante un nuevo paradigma: alcanzar Marte. «Es de los pocos planetas donde podemos desarrollar actividades», determina el geólogo planetario.Y es el Planeta Rojo el que Álvaro, ingeniero aeroespacial de 26 años, sueña con alcanzar. «Lo que se hizo en los 60 fue mágico», insiste. Obviamente, él no tiene ningún recuerdo de aquel día, pero sí de un libro que le regalaron, «creo que era del 40 aniversario» y, gracias a él, «me di cuenta de la hazaña que lograron. En ese momento todo era experimental y, a pesar de todo, lograron alunizar». Lo relata emocionado, con la ilusión de un científico al que le habría gustado nacer medio siglo antes. Los últimos cuatro años, este joven malagueño ha estado «recluido» en el norte de Suecia trabajando en su doctorado. En concreto, en el desarrollo del instrumento Habit, que forma parte de la misión Exomars de la Agencia Espacial Europea (ESA). «Mi participación está relacionada con los sensores de viento y de temperatura». Esta expedición en la que colaboran un gran número de países europeos quiere localizar, si existe claro, vida en Marte. En principio, el próximo año, esta segunda etapa de la misión saldría desde la base de lanzamiento de Baikonur (Kazajistán). Y mientras sus compañeros suecos siguen afinando cada pieza, él se está formando como cosmonauta durante seis meses en Colonia (Alemania), en un «Expert Team» de la ESA que les da las herramientas necesarias para la futura exploración humana. «Al principio, cruzarte con los astronautas, cuando vas a pedir un café, impacta, ahora ya es normal».Álvaro no solo es el futuro por su edad, sino también por su visión: «Tenemos que ser capaces de desarrollar robots con los que podamos convivir, que ellos nos ayuden a vivir de la tierra de los planetas donde nos instalemos, como hacemos aquí. La máquina debe ser nuestra compañera». Pero, para saber si esta visión futurista es o no viable, la Luna es clave. «Es importante conocer su vitalidad geológica y cómo se ha ido transformando», insiste Jesús. Por ello, en misiones como la que diseña la NASA para volver a nuestro satélite en 2024, se incluye la extracción de materiales que puedan ayudar a crear una futura «aldea lunar». «Hay minerales y rocas que no solo interesan a las agencias, también a los agentes privados que lo perciben como otra forma de conseguir recursos como el helio-3 o el platino», explica el geólogo. Pero, sin duda, los tres coinciden en por qué se consiguió caminar por la Luna y, sin embargo, de «amartizar» aún estamos lejos. «La exploración espacial se fijó como una estrategia de país», sostiene el que fuera responsable de comunicaciones de la Agencia estadounidense en Madrid. Ahora, «queremos llegar más lejos, pero con menos dinero. Necesitamos un gran salto tecnológico para alcanzar Marte» y apunta a tres inconvenientes para poder cumplir con este deseo: al problema de recursos se suma el de la ingravidez que afecta, y mucho, a la fisiología humana. Y, por último, la radiación que se produce en los viajes espaciales. Este es el mayor escollo que también encuentra Álvaro, pero, «si me propusieran viajar al espacio no creo que fuera capaz de rechazarlo».

“Apolo 11”: La cara oculta del viaje a la Luna

Hace 18.256 días Estados Unidos lanzaba al espacio el Apolo 11 cumpliendo así la promesa que hizo años atrás John F. Kennedy. Ese día, el 16 de julio de 1969, el mundo se paralizó. Miles y miles de personas se acercaron hasta Cabo Cañaveral (Florida) para poder ver la odisea espacial; una proeza que quedó registrada segundo a segundo en decenas de miles de horas de grabaciones de audios y vídeos. Cuál fue la sorpresa de Todd Douglas Miller y su equipo cuando, inmersos en hacer una película sobre la llegada del hombre a la Luna, el personal de los Archivos Nacionales (NARA) con los que habían contactado encontró toda una colección no procesada de imágenes de gran formato en 65 mm nunca antes vista por el público, con tomas del lanzamiento, del interior del control de la misión, de las actividades de recuperación y de otras posteriores a la misión. Esos nuevos rollos se descubrieron por casualidad en los Archivos Nacionales. «En un primer momento, la NASA dejó el metraje en un almacén, pero con los años fue transferido a los Archivos Nacionales, donde más o menos quedó olvidado. Algo del mismo se dispuso para un documental que vio la luz en los 70, pero una vez más fue recortado», explica el asesor histórico Robert Pearlman. No fue el único hallazgo inesperado. También encontraron más de 11.000 horas de grabaciones de audio. Ambos descubrimientos cambiaron el curso del proyecto, «Apolo 11», un documental que se estrenará en España el 16 de julio y que brinda al espectador la oportunidad de sentirse como si estuviera presente en esta gesta, sintiendo el mismo asombro que tuvieron los espectadores y sobre todo con los mismos nervios que sufrieron los técnicos, pese a saber el desenlace, gracias precisamente a que no hay ninguna voz en off, sino que está rodada única y exclusivamente con las grabaciones de audio de dicha gesta; lo que exigió una labor encomiable e hizo que para la producción del documental fueran necesarios 15 años de producción. Material histórico«Lo que comenzó como un simple ejercicio de montaje se convirtió en el esfuerzo colectivo de un equipo internacional de expertos para crear la obra definitiva acerca del Apolo 11 en pantalla grande. El extraordinario hallazgo de un alijo de película en gran formato y de grabaciones intactas añadió otra dimensión al proyecto: ahora era más que una película, era una oportunidad para cuidar y preservar este material histórico de valor incalculable», tal y como afirmó meses atrás Miller. Y es que «muchas obras se han dedicado al Apolo 11, la primera misión que permitió al hombre pisar la Luna, pero lo que hace a esta película distinta es el hecho de que ésta es una historia que se está haciendo de nuevo –con material restaurado y escaneado y nunca antes visto de lo que muchos consideran el logro supremo de la humanidad hasta ahora. Por primera vez en la historia, podemos verter una mirada e información nuevas acerca de cómo hicimos alunizar a unos hombres», añade el asesor Pearlman. Un filme, en definitiva, que hará las delicias de los espectadores y también de los historiadores que por fin podrán ver el cuadro entero de lo que pasó aquel día. La cinta arranca horas antes de tener lugar el despegue a las 13:32. Decenas de miles de espectadores acudieron hasta Florida para poder ver el lanzamiento en directo, aunque para ello tuvieran muchos que dormir sobre hormigón. Los más afortunados sacaban las sillas a las azoteas de los edificios para poder tener la mejor vista del momento. Mientras, los tres astronautas, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, comienzan a vestirse. Los nervios en la zona de control son más que evidentes. Ha habido una fuga que ha de arreglarse tal y como desvela la cámara 18. Se acerca la hora del despegue y los tres grandes hombres ya están subidos en la lanzadera. Antes de comenzar la odisea espacial, Miller muestra al espectador momentos distendidos de los tres astronautas, como cuando el líder de la plataforma alarga los brazos. Aunque en la película no se desvela, esa escena, la que muestra la cámara 34 que veían los técnicos desde el Centro de Control, se debe a que Collins le ha regalado una trucha congelada pequeña porque éste pesca. O cuando uno de los astronautas afirma: «Prometo hacéroslo saber si dejo de respirar», que permite que el ambiente entre los técnicos «terrícolas» sea más distendido. DesacopleTras el despegue, la cinta continúa enganchando al espectador, que se contagiará de la tensión que vivieron aquellos ocho días todos los allí presentes gracias a las grabaciones de audio o de la emoción que trasladan al ver la Luna. «Todos sabemos cómo va a terminar la secuencia del lanzamiento, sabemos que lograrán llegar a la Luna y que regresarán, pero nos mantenemos por completo al borde de la butaca porque da toda la impresión de ser un acontecimiento en vivo y en directo que se despliega en el presente. Parece algo enteramente nuevo, aunque sea el metraje histórico más célebre de todos los tiempos», afirma el director. Otro as de la película son los brillantes gráficos, sencillos para que todos podamos entender las difíciles maniobras que tuvieron que hacer durante el desacople de Eagle del Columbia para proceder a la fase de alunizaje o de su unión y de la vuelta a casa de los tres; un viaje, en definitiva, «que ha sido mucho más que el viaje de tres hombres a la Luna».

La luz se puede torcer

Científicos de la Universidad de Salamanca, en colaboración con equipos de otros países, han descubierto una nueva propiedad de la luz, desconocida hasta el momento, que se ha denominado «autotorque» (en inglés), que se traduciría como «autotorsión» y que han publicado esta semana en la revista científica «Science». Según esta investigación, esta nueva propiedad podría dar lugar a nuevas aplicaciones en el campo de las comunicaciones y la nanotecnología.Los resultados han sido recogidos bajo el título «Generation of extreme-ultraviolet beams with time-varying orbital angular momentum» y ha sido posible gracias a experimentos anteriores en los que se disparan dos rayos láser al mismo tiempo sobre una nube de gas Argón. Los rayos se vieron «obligados» entonces a superponerse y unirse formando un solo haz lo que determina que la luz ejerce presión, pequeña pero medible, sobre los objetos iluminados. Como ya se sabe, aunque la propagación de la luz parece que se hace en línea recta, realmente lo hace en forma de onda y esto se produce cuando gira sobre su propio eje debido a lo que se denomina «momento angular orbital» (OAM). Este aspecto se creía que era estático, pero han comprobado que los haces de luz se mueven a alta velocidad, acelerando y frenando la rotación de forma completamente autónoma.