Filamentos de estaño que crecen solos han dejado sin servicio a cuatro satélites comerciales
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Muchos componentes electrónicos llevan un recubrimiento de estaño puro para protegerlos de la corrosión. De esa capa pueden brotar, sin que nadie los ponga ahí, filamentos metálicos de unas pocas micras de diámetro y hasta varios milímetros de largo. Se llaman bigotes de estaño.
Crecen por sí solos, empujados por la tensión de compresión que se acumula dentro del propio recubrimiento. Si uno llega a puentear dos contactos, provoca un cortocircuito.
El programa de piezas electrónicas de la NASA mantiene una lista pública de fallos atribuidos a este fenómeno. Entre ellos hay cuatro satélites comerciales perdidos por completo: Galaxy IV en 1998, Galaxy VII y Solidaridad 1 en 2000 y Galaxy IIIR en 2006.
Hay un detalle histórico que explica por qué el problema volvió. Cuando se estudiaron por primera vez, en los años cuarenta, se comprobó que añadir plomo al estaño frenaba el crecimiento de los filamentos. Décadas después, la normativa europea restringió el plomo en la electrónica por motivos de salud, y con la soldadura sin plomo el fenómeno reapareció en piezas donde ya no se esperaba.
Lo que sigue sin saberse es lo importante: no hay forma fiable de predecir cuándo un recubrimiento concreto va a producir filamentos ni de eliminarlos del todo. Un trabajo publicado en 2025 sobre crecimiento en vacío térmico apunta además a que la presencia o ausencia de oxígeno cambia la forma de los filamentos, así que lo observado en un laboratorio en aire no se traslada directamente a lo que pasa en órbita.
Fuente: lista de fallos por bigotes de estaño del programa NEPP de la NASA.