Capablanca estuvo ocho años sin perder una partida: 63 encuentros entre 1916 y 1924
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Entre el 10 de febrero de 1916 y el 21 de marzo de 1924, el cubano José Raúl Capablanca no perdió una sola partida de ajedrez. Ocho años y un mes. La racha empieza con una derrota ante Oscar Chajes en el torneo de Nueva York de 1916 y termina con otra ante Richard Réti en el internacional de Nueva York de 1924.
La cifra que conviene poner al lado es esta: en esos ocho años jugó 63 partidas —40 ganadas y 23 tablas—, unas ocho por año. El calendario de un ajedrecista de primera fila en los años veinte no se parece al de hoy: se jugaban pocos torneos, muy espaciados y con partidas largas. La racha no es menos notable por eso, pero sí es otra cosa distinta de lo que sugiere decir «ocho años invicto» sin más.
Dentro de ese periodo está el campeonato del mundo. En 1921, en La Habana, Capablanca se enfrentó a Emanuel Lasker, que llevaba veintisiete años como campeón. Ganó cuatro partidas, empató diez y no perdió ninguna; Lasker abandonó el encuentro antes de agotarlo. Capablanca fue campeón del mundo hasta 1927, cuando perdió el título ante Alexander Alekhine.
De su infancia, lo comprobable es poco y lo repetido es mucho. La fecha que sí está documentada es 1901: con doce o trece años venció en un encuentro a Juan Corzo, campeón de Cuba. La historia de que aprendió mirando a su padre a los cuatro años procede del propio Capablanca y no tiene otra fuente.
Lo mismo pasa con la idea de que no estudiaba aperturas. Era una imagen que él cultivó y que sus rivales repetían, pero sus cuadernos y su producción escrita muestran trabajo teórico. Lo que sí sostienen los análisis modernos con motores de cálculo es que su precisión en el medio juego y en los finales queda por encima de la de sus contemporáneos.
Murió el 8 de marzo de 1942 en Nueva York, tras sufrir una hemorragia cerebral en el Manhattan Chess Club.