El frío del espacio no enfría: el problema que nadie cuenta de los centros de datos en órbita
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Hay una frase que aparece en casi todas las presentaciones de este negocio y que suena tan razonable que nadie la discute: en el espacio hace un frío tremendo, así que refrigerar un centro de datos allí arriba sale gratis. Se acabó el agua, se acabaron los ventiladores.
Es mentira. Y lo curioso es que la parte falsa de la promesa es justo la que decide si el negocio entero se sostiene.
Primero, de qué va esto
La idea lleva unos años rondando y en 2026 ha dejado de ser una charla de sobremesa. Dos empresas están gastando dinero de verdad en ella.
Una es Cowboy Space, fundada por Baiju Bhatt, uno de los fundadores de Robinhood, y que hasta hace poco se llamaba Aetherflux. En mayo levantó 275 millones de dólares en una ronda liderada por Index Ventures, con Breakthrough Energy —el fondo de Bill Gates— y Andreessen Horowitz dentro, y con una valoración de 2.000 millones. Su apuesta es peculiar: además de los centros de datos quiere fabricarse sus propios cohetes, porque calcula que no hay bastantes lanzamientos disponibles para lo que pretende subir. El primero, previsto para 2028.
La otra es Starcloud, que antes se llamaba Lumen Orbit y que salió de Y Combinator. En marzo cerró 170 millones a una valoración de 1.100 millones, y con eso se convirtió en la empresa que más rápido ha alcanzado los mil millones en la historia de esa incubadora: diecisiete meses desde que se presentó en público. En noviembre de 2025 puso en órbita su primer satélite con una tarjeta gráfica H100 dentro, y ha solicitado permiso para una constelación de 88.000 satélites. Su apuesta es la contraria: ellos hacen los ordenadores y que los cohetes los ponga SpaceX.
Por qué quieren subirlos
Los motivos son buenos, conviene decirlo antes de desmontar nada.
En una órbita bien elegida el sol no se pone nunca. No hay noche, no hay nubes, no hay invierno: el panel solar produce las veinticuatro horas, todos los días. Un centro de datos en tierra necesita una conexión a la red eléctrica que en muchos sitios ya no existe, y quien la pide se pone en una cola que se mide en años.
Y luego está el agua. Un centro de datos grande evapora una cantidad de agua que empieza a ser un problema político en media España y en medio Estados Unidos. Arriba no hay agua que gastar.
Ahora, el frío
Aquí es donde la intuición engaña, y engaña de una forma muy concreta.
Es verdad que el espacio está a unos pocos grados por encima del cero absoluto. Lo que no es verdad es que eso enfríe algo. Enfriar consiste en pasarle tu calor a otra cosa, y para pasarle calor a algo hace falta que ese algo esté ahí.
Las tres maneras de deshacerse del calor
En la Tierra usamos las tres a la vez sin pensarlo. Conducción: el calor pasa al metal que toca el chip. Convección: el aire o el agua se llevan ese calor y traen material frío en su lugar. Radiación: el objeto caliente emite calor en forma de luz infrarroja, sin necesidad de tocar nada.
El vacío no es frío. El vacío es nada. No hay aire que se caliente y se marche, ni agua que circule. La convección, que es la que hace casi todo el trabajo en un centro de datos normal, en el espacio sencillamente no existe.
Queda la radiación. Solo la radiación. Y la radiación es lenta.
Lo que eso significa en kilos
Como la radiación es el único camino, hay que darle superficie: paneles radiadores enormes, desplegados, orientados de forma que no les dé el sol mientras emiten el calor hacia el vacío.
Los números que se manejan en la literatura técnica son incómodos. Con tecnología parecida a la que refrigera la Estación Espacial Internacional, un centro de datos modesto de un megavatio necesitaría alrededor de cien toneladas solo de radiadores. Los ordenadores de ese mismo megavatio pesan unas diez.
Diez veces más peso en la nevera que en lo que hay que enfriar. Y en este negocio el peso es exactamente lo que se paga por subir.
Así que la promesa se da la vuelta entera: refrigerar en órbita no es que sea gratis, es que es la partida más cara del proyecto. Por eso los equipos serios están dedicando su ingeniería a tuberías de calor, cámaras de vapor, circuitos de dos fases que funcionen sin gravedad y radiadores ligeros que puedan cambiar cuánto emiten según convenga. Ahí es donde se está jugando el asunto, no en los paneles solares.
Dos formas de apostar
Vale la pena fijarse en lo distintas que son las dos estrategias, porque cada una asume un riesgo diferente.
Cowboy Space dice: el cuello de botella es el transporte, así que me fabrico el transporte. Es carísimo y tardan más, pero si aciertan no dependen de nadie.
Starcloud dice: el transporte va a abaratarse solo cuando Starship funcione, así que yo me concentro en la máquina. Es mucho más barato y llegan antes, pero su plan de negocio depende del calendario de otra empresa.
Es la vieja discusión de si te fabricas tú la pieza o se la compras a quien la hace mejor, planteada con cohetes.
Lo que hay que mirar para saber si esto va en serio
Cuando alguien anuncie el próximo hito, el dato que importa no será cuántos millones ha levantado ni cuántos satélites ha pedido.
Será cuántos vatios logra disipar por cada kilo que sube. Si esa cifra mejora, la idea tiene recorrido. Si no, seguiremos viendo rondas de financiación cada vez más grandes para resolver un problema de termodinámica que no se resuelve con dinero.
Lo bonito del asunto es que todo esto se decide con física de bachillerato. El sol no se pone: eso es cierto y es una ventaja enorme. El espacio está frío: eso es cierto y no sirve absolutamente de nada.