El cráneo de Harbin es denisovano: lo dicen 95 proteínas del hueso y el ADN rescatado del sarro
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En 1933, un obrero chino que trabajaba en la construcción de un puente sobre el río Songhua, a su paso por Harbin, sacó de la tierra un cráneo humano descomunal. Manchuria estaba entonces bajo ocupación japonesa y el hallazgo, si se declaraba, iba a acabar fuera del país. El hombre lo envolvió, se lo llevó a casa y lo tiró a un pozo abandonado. Ahí se quedó ochenta y cinco años.
El obrero no se lo contó a nadie hasta poco antes de morir. En 2018 su familia bajó al pozo, recuperó el bulto y lo entregó a la Universidad de Geociencias de Hebei. Lo que salió a la luz era el cráneo humano arcaico más completo que se conoce del Pleistoceno medio en Asia: una bóveda alargada y baja, un arco superciliar grueso, unas órbitas enormes, dientes grandes y una capacidad craneal de 1.420 mililitros, en el rango del Homo sapiens actual y de los neandertales. Las series de uranio dieron una edad mínima de 146.000 años.
En 2021, el equipo de Qiang Ji lo describió como una especie nueva y le puso nombre: Homo longi, «hombre dragón», por la provincia de Heilongjiang, el río del dragón negro. Otros paleoantropólogos llevaban tiempo diciendo lo mismo en voz baja: que aquello se parecía sospechosamente a lo que cabía esperar de un denisovano. El problema era que nadie sabía qué cara tenía un denisovano.
Un linaje conocido por un dedo y unas muelas
Los denisovanos entraron en la historia en 2010 por la puerta más pequeña posible: un trozo de falange de meñique aparecido en la cueva de Denísova, en Siberia, del que se sacó un genoma completo. Después llegaron un par de muelas, un fragmento de parietal, una mandíbula de la cueva de Baishiya en la meseta tibetana y una costilla del mismo yacimiento. Se sabía muchísimo de su ADN —que se cruzaron con los ancestros de los humanos actuales, que dejaron huella en poblaciones del sudeste asiático y de Oceanía, que legaron a los tibetanos la variante que permite respirar a 4.000 metros— y prácticamente nada de su anatomía.
| Resto | Dónde | Cómo se identificó |
|---|---|---|
| Falange de meñique | Cueva de Denísova (Siberia) | Genoma nuclear completo |
| Molares | Cueva de Denísova | ADN antiguo |
| Mandíbula de Xiahe | Cueva de Baishiya (Tíbet) | Proteínas del colágeno |
| Mandíbula Penghu 1 | Estrecho de Taiwán | Proteínas del esmalte |
| Cráneo de Harbin | Heilongjiang (nordeste de China) | Proteínas del hueso y ADN del sarro |
Lo que se hace cuando el ADN ya no está
El equipo de Qiaomei Fu, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias, lo intentó primero por la vía normal. Perforó el hueso petroso, la porción del cráneo que suele conservar mejor el material genético, y también un diente. No salió ADN aprovechable: el clima templado del nordeste chino no perdona.
Entonces cambiaron de molécula. Las proteínas aguantan mucho más que el ADN porque son químicamente más estables, y su secuencia de aminoácidos está dictada por los genes, así que una mutación en el genoma puede leerse indirectamente como un cambio de aminoácido en la proteína. Del cráneo salieron más de 308.000 espectros de péptidos, más de 20.000 péptidos y 95 proteínas endógenas, la muestra más rica obtenida hasta ahora en un fósil de este linaje. Tres de las variantes de aminoácido encontradas son propias de los denisovanos, y el conjunto sitúa al individuo de Harbin junto a Denísova 3, la falange siberiana.
La segunda pieza vino de un sitio que suele acabar en la basura del laboratorio: el sarro. La placa calcificada de los dientes atrapa material biológico y lo sella. De ahí se recuperó ADN mitocondrial, y ese ADN cae dentro de la variación denisovana conocida, emparentado con una rama antigua registrada en los individuos más tempranos de la cueva de Denísova. Los dos trabajos, uno en Science y otro en Cell, se publicaron el mismo día de junio de 2025.
Lo que sigue sin estar claro
La objeción más seria la firma alguien de dentro: Xijun Ni, uno de los autores de la descripción original de 2021, avisa de que el sarro de una pieza manipulada durante décadas por coleccionistas, técnicos e investigadores está lleno de ADN moderno. «Puede que hayan recuperado muchos fragmentos de ADN míos», dijo, porque él mismo manejó el cráneo muchas veces. Ni considera que hace falta un muestreo de variantes proteicas más amplio antes de dar por cerrado el caso, también en la mandíbula Penghu 1 de Taiwán. Los biólogos evolutivos Derek Taylor y Victor Albert apuntan otra lectura posible de las tres variantes: un Homo sapiens antiguo que las hubiera heredado por mestizaje.
Y queda el lío de los nombres. Si Harbin es denisovano, Homo longi pasa a ser la etiqueta de una población que ya tenía otra, y detrás vienen en fila los cráneos sueltos del Pleistoceno medio chino —Dali, Jinniushan, Xujiayao, Hualongdong, agrupados por algunos autores bajo el propuesto Homo juluensis— esperando a que alguien les saque proteínas y los coloque en el árbol. La técnica que ha resuelto Harbin es la misma que puede desmontar media docena de especies nombradas a partir de huesos aislados. Nadie la ha aplicado todavía a la mayoría de ellos.
Fuentes: «The proteome of the late Middle Pleistocene Harbin individual», Science; «Denisovan mitochondrial DNA from dental calculus of the >146,000-year-old Harbin cranium», Cell; reacciones recogidas por Science News.