Midieron plástico en 52 cerebros humanos y salió entre 7 y 30 veces más concentración que en hígado o riñón
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Un equipo de la Universidad de Nuevo México midió partículas de plástico en tejido de cerebro, hígado y riñón de 52 personas fallecidas y encontró en el cerebro concentraciones entre siete y treinta veces superiores a las de los otros dos órganos. El trabajo lo firman Alexander Nihart, Marcus Garcia y Matthew Campen, entre otros, y se publicó en Nature Medicine en febrero de 2025.
Las muestras procedían de la oficina del investigador médico de Nuevo México: 28 autopsias de 2016 y 24 de 2024. La mediana en las muestras de corteza frontal de 2024 fue de unos 4.900 microgramos de plástico por gramo de tejido seco. En hígado y riñón, del orden de 400 a 430 µg/g. El polímero dominante fue el polietileno, que representaba alrededor de tres cuartas partes de la masa detectada en cerebro.
De dónde sale la cucharilla
4.900 µg/g son 4,9 miligramos por gramo. Un cerebro adulto pesa unos 1.400 gramos, así que la multiplicación da alrededor de siete gramos de plástico: más o menos lo que pesa una cucharilla desechable. Esa comparación no aparece en el artículo científico; salió de las declaraciones de los autores a la prensa y de ahí pasó a los titulares, donde se quedó a vivir. El dato publicado es la concentración por gramo de tejido seco, no el total por cerebro, y la conversión entre ambas cosas depende de supuestos sobre el peso seco que no son triviales.
La comparación entre autopsias antiguas y recientes
El estudio incluía también un lote de 28 muestras cerebrales archivadas de fallecimientos entre 1997 y 2013, procedentes de un repositorio distinto. Las concentraciones ahí eran menores. Entre las autopsias de 2016 y las de 2024 los autores describieron un aumento de en torno al 50 %, una pendiente que encaja con la curva de producción global de plástico, aunque comparar cohortes recogidas en años y depósitos diferentes introduce variables que nadie controló.
Doce de los cerebros pertenecían a personas con diagnóstico documentado de demencia. En ese subgrupo las cifras eran mucho más altas, con valores máximos por encima de los 26.000 µg/g. Los propios autores advirtieron de que la dirección de la flecha no está clara: en la demencia hay pérdida de integridad de la barrera hematoencefálica y fallos en los mecanismos de aclaramiento, de modo que la enfermedad podría facilitar la acumulación en lugar de derivarse de ella.
Las objeciones al método
La medida se hizo con pirólisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas (Py-GC/MS). El tejido se digiere químicamente, lo que queda se calienta hasta descomponerlo y los fragmentos volátiles se identifican por su masa. Para el polietileno, esos fragmentos son cadenas de hidrocarburos.
Ahí está el problema que le señalaron varios grupos. El cerebro es el órgano con más lípidos del cuerpo: en torno a la mitad de su peso seco. Los lípidos, al pirolizarse, producen hidrocarburos muy parecidos a los que se usan como firma del polietileno. Si la digestión previa no elimina absolutamente toda la grasa, la señal atribuida a polietileno se infla. Y el polietileno fue justamente el polímero mayoritario del resultado, lo que hace la coincidencia incómoda.
El segundo argumento es de orden de magnitud. 4,9 mg/g equivale a que un 0,5 % del tejido cerebral seco sea plástico, una fracción superior a la que se mide en algunos suelos y lodos de depuradora. A varios especialistas les pareció biológicamente inverosímil. Se añadió una tercera objeción: las imágenes de microscopía electrónica del estudio mostraban esquirlas de escala nanométrica, y cuesta cuadrar partículas de ese tamaño con la masa total declarada. Las críticas llegaron por correspondencia en revistas y por comentarios de investigadores en la cobertura del hallazgo, y los autores respondieron que habían pasado controles de blancos y de digestión.
Qué no se sabe
No hay, por ahora, una réplica independiente que mida lo mismo en otras cohortes con una técnica distinta, que es lo que zanjaría la discusión sobre la cifra. Tampoco se sabe por qué vía entran las partículas al cerebro, ni si atraviesan una barrera hematoencefálica intacta. Y el estudio no mide daño: documenta presencia de material, no efecto sobre la función neuronal. Que haya plástico medible en tejido cerebral es un resultado distinto de que ese plástico esté haciendo algo, y el segundo enunciado no está demostrado.
Lo que queda en pie del trabajo es la comparación entre órganos, que es relativa y por tanto menos sensible a un sesgo sistemático del método: si la interferencia lipídica infló la medida del cerebro, infló también la del hígado, y la diferencia entre ambos sigue pidiendo explicación. Lo que queda en cuarentena es el número absoluto, que es precisamente el que viajó.
Fuente: Nihart, A. J. et al., «Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains», Nature Medicine (2025). Artículo en Nature Medicine.