La sequía deja al aire el puente de Constantino, en el Danubio
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El descenso del Danubio hasta mínimos históricos ha dejado a la vista los cimientos del puente de Constantino, en la orilla búlgara del río, cerca de la actual Gigen. Los restos están a unos setenta centímetros bajo el agua. Los ha documentado el Museo Regional de Historia de Pleven con drones y con la ayuda de pescadores de la zona, que sabían dónde mirar.
El puente lo inauguró Constantino I el 5 de julio del año 328 para unir Ulpia Oescus con la fortaleza de Sucidava, hoy Corabia, en Rumanía. Medía entre 2,4 y 2,5 kilómetros, lo que lo convierte en el puente fluvial más largo construido en la Antigüedad: más del doble que el de Trajano, levantado un siglo antes aguas arriba y con el que se confunde a menudo.
Ocho pilares separados entre treinta y treinta y cinco metros sostenían la estructura. Los cimientos eran de bloques y losas de piedra reforzados con ladrillo; encima iba una plataforma de madera de unos cinco metros de ancho, a casi diez metros sobre el agua.
Estuvo en uso poco tiempo para lo que costó levantarlo: las fuentes no coinciden y hablan de entre tres y siete décadas. Acabó incendiado para impedir que lo usaran las tribus de la otra orilla.